martes, 14 de junio de 2016

EMBOCADURA DEL CLARINETE 
  
Es la forma de embocar la boquilla. El labio inferior forrará los dientes, realizando la función de un pequeño cojinete situado entre los dientes de la mandíbula inferior y la lengüeta, y sirviendo de base para la vibración de la caña, controlando a la vez su movimiento. En cuanto al labio superior hay dos posibilidades: apoyar directamente los dientes sobre la boquilla; o forrar los dientes. La elección de una u otra posibilidad en las distintas escuelas se ha llevado a cabo sin previa explicación del porqué, y ni unos ni otros han explicado la gran diferencia entre una y otra posibilidad.

El clarinetista que no forra los dientes superiores suele cometer dos errores:

Que la distancia de la abertura bucal no es suficiente. En consecuencia el maxilar inferior cierra considerablemente la glotis, dificultando así la salida de la columna de aire y manteniendo los músculos en constante tensión, factor que hay que evitar a toda costa porque la relajación y naturalidad en todo el organismo humano es imprescindible. El siguiente dibujo muestra el primer error:

Figura 2.- Primer error cometido al no forrar los dientes superiores con el labio.

Que si la distancia se quiere aumentar buscando así la relajación de músculos y dar paso libre a la columna de aire, nos encontramos con la siguiente posición:

Figura 3.- Segundo error cometido al no forrar los dientes superiores con el labio.

El resultado, por una parte, es el de una buena abertura, pero por otra es una excesiva distancia de caña vibrante, quedando esta sin control adecuado del labio inferior, y por lo tanto carecerá de facilidad en los armónicos agudos, ocurriendo lo siguiente:

Que su vibración es más lenta y la frecuencia del sonido sólo obedece a las posiciones de los dedos.

Que a la mayor holgura vibratoria, mayor cantidad de aire.

Que con mucha facilidad, como consecuencia del poco control que el labio inferior ejerce sobre la caña, se producen armónicos sin control tímbrico, lo que vulgarmente llamamos chillidos.

Que difícilmente puedan sacar sonidos puros con el matiz (PP) o suavísimo

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